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Las personas somos seres sociales, y como tales está en nuestra impronta vincularnos, relacionarnos con otros seres. De este modo, establecer relaciones es algo inherente y natural en las personas, es un acto de amor hacia nosotras mismas y hacia las demás.

Como acto de amor, el duelo, duele, la propia etimología de la palabra implica este significado y, una pérdida duele, por ello mismo, por el hecho de que supone para la persona la sensación de ruptura, de ruptura en la relación con la persona perdida. Ese dolor es natural, es el propio de una herida abierta, una herida que, a lo largo del proceso de duelo, irá cicatrizando, y nosotros como personas heridas, iremos cuidando la herida.

El duelo conlleva cierta sintomatología que es normal, como la tristeza, la rabia, el anhelo, la añoranza, pensar en la persona perdida o en la relación, rememorar recuerdos, tener la sensación de sentir a la persona perdida (aunque físicamente no esté), revisitar lugares importantes para la relación, o evitarlos, incluso que la persona en duelo se aísle. Son síntomas naturales, al igual que la fiebre es síntoma de una infección en el organismo, y, al ser naturales, nos están lanzando un mensaje, el mensaje de que nosotras estamos adaptándonos a la ausencia de la persona, a una vida sin la presencia de esa persona.

Son signos naturales de un proceso de adaptación, que es el duelo, y que nos lleva a transitar determinados estados, determinadas partes del camino que, en algunos momentos serán más llevaderas, será una parte del camino más agradable de transitar, con más vegetación y paisajes más atractivos, y en otros momentos serán más oscuros y el terreno puede que sea más difícil o costoso de transitar. Y la persona en duelo podrá hacerlo, es importante que se permita y normalice esos momentos más dificultosos y al mismo tiempo que pueda permitirse y normalizar los momentos más llevaderos, puesto que ambos forman parte del proceso y no podemos transitar el duelo sin transitar ambos. Porque el duelo es un acto de amor hacia la persona perdida y hacia nosotras mismas, un acto de amor y respecto, y la forma de manifestarse es desde el aparato emocional.

Pablo Rodríguez
Psicoterapeuta especialista en duelo, pérdidas y trauma
Colegiado CL-02920